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España y la estatuafobia

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La campaña está en marcha. Ciertos grupos condenan los abusos a los nativos durante la conquista y exigen una disculpa. El presidente mexicano, que gusta cabalgar a galope sobre la historia recóndita, considera justo el reclamo y le ha escrito una carta al Rey. Junto a la queja, empiezan también a caer las estatuas que recuerdan la llegada de los colonizadores a América.  Dando la sensación que España tiene una cuota de responsabilidad en las desgracias del continente. El tema está generando polémica y sigue subiendo de tono. Andrés Manuel López Obrador acusa a España de “soberbia” por no atender su reclamo de ofrecer disculpas por los abusos cometidos. “Hubo asesinatos masivos, exterminios…” ha dicho.   Por otra parte el escritor español Arturo Pérez Reverte ha opinado sobre la petición del presidente mexicano: "Si este individuo se cree de verdad lo que dice, es un imbécil. Si no se lo cree, es un sinvergüenza". Así las cosas. 

John Lennon: vida y muerte en Nueva York

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Los admiradores de John Lennon todavía suelen visitar sus lugares preferidos. Por ejemplo, el número 69 de la calle 71 en donde se encontraba el “Café La Fortuna” . El “Smith's Bar and Grill” en el 701 de la 8 av. donde degustaba las hamburguesas. O el “St Regis Hotel” en la calle 55, que sirvió de hospedaje al artista cuando llegó a New York en 1971. Y por supuesto, el área de Central Park que el músico visitaba casi a diario: “Strawberry Field” .  En Nueva York, contrario a Londres, Lennon podía pasear por la ciudad sin ser acosado y hacer compras como cualquier ciudadano. Él disfrutaba sobremanera esa normalidad y lo decía. Cuando se instaló definitivamente en la ciudad  alquiló un pequeño apartamento de dos habitaciones situado en el centro financiero. Luego pasó al 434 East, 52nd Street, un ático con vistas al East River que le recordaba mucho a Liverpool, su ciudad natal. Y por último, en 1973, se instaló en el Dakota en la 72nd Street. Fue en este edificio donde enc

Gabriel García Márquez vs Miguel Ángel Asturias

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  Miguel Ángel Asturias y Gabriel García Márquez fueron galardonados con el Premio Nobel de Literatura. El primero avalado por una gran obra: “El señor Presidente” . Márquez apoyado en su novela  “Cien años de soledad”. Sin embargo, en un momento determinado  la enemistad entre ambos adquirió una dimensión insospechada.  La batalla comenzó cuando  Asturias hizo unas declaraciones explosivas   al semanario español Triunfo en 1971 sobre “Cien años de soledad”. El guatemalteco aseguró   que la novela era una burda copia de  “La búsqueda del absoluto” del escritor francés Honoré de Balzac, pero  con ciertos arreglos para un nuevo ambiente. — “Un paralelo muy grande”, “la trama es la misma”, “hay, pues, una serie de semejanzas que hacen pensar que se trata de… casi un plagio”. —  Aseguraba el guatemalteco.

Nino Bravo y el Muro de Berlín

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Cuando  el cantante Nino Bravo incluyó en su álbum Mi tierra   una canción con tintes políticos no imaginó que impulsaría a las nuevas generaciones a entusiasmarse con el tema. Hoy vemos, tan sólo por poner un ejemplo, como  en Argentina los jóvenes de Libertad Avanza liderados por el liberal Javier Milei , lo entonan en cualquier esquina.   La composición es un homenaje a las víctimas mortales del siniestro Muro de Berlín .  Rudolf Urban fue el primero en caer en el intento. Murió el 19 de agosto de 1961. Posteriormente  decenas de jóvenes también perdieron la vida. Existen estadísticas que indican que entre 1961 y 1988 más de 100 mil ciudadanos de la RDA intentaron huir por el muro.  De ellos más de 600 personas fueron abatidas a tiros. Otros sufrieron accidentes mortales o se suicidaron al ser descubiertos. 

Galileo y la Iglesia

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“ Hoy 22 de junio de 1633, delante de estos distinguidos jueces quiero aceptar que fue un error de mi parte decir que el Sol era el centro del Universo y que el resto de los astros no giraban alrededor de la Tierra”.   La Inquisición respiró con tranquilidad al escuchar la confesión de Galileo Galilei. Habían conseguido una gran victoria. El científico más importante de Europa de aquel tiempo estaba arrepentido de su “blasfemia”. Dejando intacta la teoría de la Iglesia de que “el cielo era perfecto”. Por eso no sólo  lo perdonaron, sino que le permitieron volver a Florencia a vivir  tranquilamente sus últimos ocho años de vida.

En Cuba todos fuimos revolucionarios

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  La Revolución fue una gran esperanza para Cuba. Desató  una fascinación  desmesurada. Incluso para los niños que estábamos ajenos  a la contingencia.  El entusiasmo desbordado por la llegada de los nuevos “salvadores” contagiaba a chicos y a grandes.  El día que los llamados Rebeldes llegaron a mi pueblo la gente inundó las calles. Bailaban, reían , daban gritos. Se exacerbaron todas las esperanzas, todas las ilusiones, todas las utopías. Nada parecía imposible.  El nombre de Fidel era el encanto de todos. Algo formidable para una Cuba que vivía de glorias pasadas. Un país que cuando en alguna etapa de su vida republicana no produjo  héroes, aprendió a inventarlos.  No sabía vivir sin ellos.  Por eso el cielo brillaba como un objeto flamante. Resultando  sencillo  capturar el  deslumbramiento. Se había roto la regla: el obrero no se sentía inferior al técnico, ni el ignorante ante el sabelotodo. Pues, simplemente,  todos éramos revolucionarios.

Krishnamurti y su pasión espiritual

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  Krishnamurti es considerado uno de los hombres más grandes de la humanidad. La Sociedad Teosófica es la cuna de su nacimiento. Un “Movimiento Espiritual” vigente que posee una clara  proyección espiritual.  Para Bernard Shaw,  Krishnamurti  "fue una figura religiosa de la más alta distinción y el ser humano más maravilloso que he visto".    Cuentan que cuando su madre  sintió dolores de parto y quiso dar a luz en una habitación que estaba destinada única y exclusivamente para la meditación, muchos vecinos lo consideraron un horror.  En aquella época ninguna dama se hubiera atrevido a semejante obsesión. Significaba una falta muy grave en la sociedad conservadora de la India.  No obstante, allí parió a su hijo número ocho. Lo llamó Krishnamurti en honor al Dios mitológico Krishna, quien también había sido el octavo hijo de su madre. El parto ocurrió en el pequeño pueblo de Madanapalle en el corazón de la India el 11 de mayo de 1895.

¿Por qué creo en Dios?

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Primero, permítanme aclarar que mi ceencia no tiene pruebas  por definición. Creer en algo superior  no es una cuestión susceptible de ser probada. Es una experiencia personal que nada tiene que ver con un proceder científico. La ciencia, como mucho, solo puede demostrar que no hay necesidad de Dios como explicación física. Mientras que mi fe, sin ser un argumento filosófico o una alternativa a la ciencia,  posee una estructura de sentimientos.  Sentimientos que no pasan necesariamente porque haya aceptado la idea de que Dios existe, sino por empezar a considerar que esas emociones tienen sentido.

García Lorca en Manhattan

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Federico García Lorca llegó a New York  el 26 de junio de 1929. La travesía en el buque Olympic duró más de 20 días. Acababa de cumplir 31 años. En Manhattan fue recibido por un grupo de intelectuales y admiradores; entre ellos Federico de Onís, profesor de español en la universidad de Columbia.  Desde su llegada se matriculó en la Universidad de Columbia. Traía como meta  estudiar inglés. Sin embargo, su objetivo no pasó del intento. Nunca logró una fluidez medianamente aceptable. Ángel del Río, ensayista e historiador  español, contaba que el poeta  se marchó de Nueva York sin haber aprendido una sola palabra. Tal vez, esa haya sido una de las razones que lo llevó a desdeñar un poco esta ciudad.

Más sobre la hija de Stalin

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En noviembre de 1932 los jerarcas soviéticos hicieron una gran fiesta en el Kremlin en conmemoración del decimoquinto aniversario de la revolución de octubre. Stalin, que había sustituido a Lenin, era uno de los más animados. Los tragos desde tempranas horas lo mostraban saltarín y risueño. En medio de la euforia le pidió a su mujer, Nadya, que se acercara al grupo. La esposa dio unos pasos cautelosos. Sabía que su marido se encontraba pasadito de copas. Él le puso una mano sobre los hombros y le pidió que lo acompañara a tomar algo. Ella se rehusó. No le gustaba el licor. Entonces en un tono irregular, y para que todos lo oyeran, Stalin se lo exigió . Mientras los presentes trataban de disimular mirando hacia otra parte. Con Stalin todas las precauciones eran pocas. Nadya no hizo comentarios ante el pedido de su esposo. Simplemente salió corriendo hacia su apartamento en el Kremlin y una vez allí, buscó una pistola y se pegó un tiro. La versión de la prensa oficial fue que había